Egipto, 2004. Antonio y Cristina están de vacaciones en un crucero por el Nilo. Se trata de un viaje organizado en un barco que recorre los principales puertos turísticos del río. La tripulación organiza actividades en los tiempos muertos: bailes, fiestas, cenas con el capitán. La gente se divierte, descansa.
Tras pasear por la cubierta, la pareja decide bajar a su camarote para arreglarse antes del almuerzo. Al entrar, se encuentran con un detalle del servicio de habitaciones.

Son dos cisnes enfrentados, en un paisaje acuático, realizados con toallas. Los chicos se sorprenden. No es algo extraño en éste tipo de viajes: en otros lugares ponen flores, aquí te obsequian con una escultura de ropa de cama. Todo en orden. Sólo hay un factor que desorienta a nuestros amigos: la toalla azul es de Antonio. Eso significa que hay un punto de creatividad improvisada que no viene en las instrucciones de esta instalación artístico-hostelera.
Pasan los días.
Antonio y Cristina van haciendo amigos a bordo. Egipto es bonito. Por supuesto visitan las pirámides, una de las Siete Maravillas del Mundo. La Esfinge no está mal, aunque es más pequeña de lo que creían. Se hacen fotos jugando con la perspectiva, haciendo como que la sujetan entre los dedos de la mano.
Vuelven al camarote.
Vértigo.
Es un cocodrilo, animal sagrado en Egipto. Una vez más, realizado con toallas entrelazadas con mimo, y con unas proporciones muy cercanas a las de un cocodrilo vivo. Por supuesto, las gafas y el desodorante (que hace muy acertadamente de boca) son de Antonio.
Nuestros amigos están confusos. Sus experiencias en el barco están compitiendo seriamente con su visita al Egipto turístico que esperaban. De hecho, están compitiendo seriamente con su percepción de la realidad. Necesitan contrastar éste hecho con sus compañeros de viaje.
Hay leyendas… Rumores. Dicen que cada vez es diferente, pero nadie acaba de concretar. Alguien esquiva el tema. Los pasajeros beben, cruzan miradas nerviosas, como celosos dueños de un secreto primordial. Bailan hasta caer extenuados.
El viaje va llegando a su final. Antonio deja sus pertenencias ocasionalmente desparramadas por la habitación, sin encontrar respuesta del otro lado. En cubierta, la pareja se deja acariciar por el viento arcilloso. Aprovechan sus últimos días de reláx. Piensan en sus experiencias, hablan de ellas, intentando apresarlas en su mente. Son conscientes de que el tiempo se acaba.
Júpiter, y Más Allá.

Es un hombre.
Sus proporciones: CASI PERFECTAS. El Prometeo del hogar lejos del hogar. La mente quebrada de nuestros amigos intenta reconstruirse, pero se les nubla la vista.
Se hunden en un lodazal de arcilla primigenia.
Su sonrisa. Joder. Su sonrisa.